Iter Criminis. Camino del Delito

Por Cristina Sanz Sánchez, periodista

El Diablo en el Prado. Capítulo VIII.I El infierno pagano

| 1 Comentario

Share Button

ICONOGRAFÍA DEL DIABLO EN LA PINTURA DEL MUSEO DEL PRADO

CAPÍTULO VIII. LA MORADA DEL DIABLO: EL INFIERNO. VIII. I EL INFIERNO PAGANO

Esta entrada parte de la anterior Capítulo VIII. La morada del Diablo: el infierno (parte II) y se trata de un nuevo epígrafe dentro de este capítulo VIII.

EL INFIERNO PAGANO

“El rico legado de relatos, imágenes decorativas y obras arquitectónicos inspirados por los dioses y héroes de la antigua Grecia han ejercido una profunda influencia en la cultura occidental. Salvo en los inicios de la Edad Media, desde la época romana hasta la actual, pasando por el revivir de la cultura antigua en el Renacimiento, las sucesivas generaciones han admirado, adoptado y adaptado la herencia mitológica griega. Es fuente indispensable para comprender la iconografía del Diablo y el infierno en el arte. Afortunadamente, el Museo del Prado nos ofrece numerosas y variadas muestras del mundo infernal clásico.

Los infiernos aparecen con frecuencia en los mitos griegos, gobernados por Hades -dios de los muertos-, del que posteriormente se tomará el nombre para denominar este reino como tal. Hades era hijo de Crono y Rea, hermano de Zeus y Poseidón. Es uno de los tres soberanos que se repartieron el Imperio del Universo después de la victoria sobre los Titanes (*), pero por lo general se le excluía de la lista de Olímpicos porque su reino era el polo opuesto del Olimpo celestial. No hay que confundirlo con el Hades cristiano que ya hemos analizado anteriormente.

En el Hades griego se juzgaba el alma de los difuntos, quienes, en caso necesario, recibían su castigo en la oscura región del Tártaro, la región más profunda del mundo, situada debajo de los infiernos. Pero el inframundo también abarcaba las tierras de los muertos divinos, los Campos Elíseos o Islas de los Bienaventurados.

En el infierno, Hades reina sobre los muertos. Es un amo despiadado que no permite a ninguno de sus súbditos volver a tierra. Es asistido por demonios y genios múltiples que acatan sus órdenes. A su lado, la reina Perséfone, también llamada Proserpina en el mundo romano, es mucho menos cruel con los habitantes del infierno. Perséfone está en el infierno en contra de su voluntad, ya que Hades la raptó mientras cogía flores en un prado de Océanides y se la llevó en su carro a los infiernos. La única condición que debía cumplir Perséfone para volver a la tierra era guardar ayuna mientras durase su estancia en los infiernos. Pero comió un grano de granada y se condenó a permanecer en el mundo subterráneo, de dónde puede salir durante sis meses por mandato de Zeus.

"Orfeo y Eurídice" Peter Paul Rubens, 1636-1637 Museo del Prado.

“Orfeo y Eurídice” Peter Paul Rubens, 1636-1637 Museo del Prado.

En “Orfeo y Eurídice” de Rubens vemos a estas dos divinidades conmovidos por el amor de Orfeo, que baja al infierno a buscar a su amada Eurídice. La ninfa murió poco después de su boda con Orfeo por la picadura de una víbora. Éste, abrumado por el dolor, decide bajar al mundo subterráneo para rescatarla y llevarla consigo al mundo de los vivos. Orfeo, sabedor del mal carácter del dios de los muertos, toca con su lira una exquisita melodía. Esto conmueve tanto a Hades que decide concederle su deseo a condición de que demore su ardor y no mire a Eurídice hasta no haber salido de su reino. Pero Orfeo no es capaz de cumplir la promesa y dirige la mirada hacia su amor, que se desvanece ante sus ojos. Rubens nos muestra a Orfeo a punto de girarse para mirar a Eurídice, mientras las dos deidades infernales en la parte derecha del lienzo se miran entre ellas con gesto indulgente.

Hades es representado por Rubens -artista que demuestra una especial predilección por la mitología griega y romana- como un hombre fornido de pelo y barba despeinadas, semidesnudo, portando una vara en posición relajada para la personalidad del dios. Dirige su mirada hacia Perséfone, ataviada con un vestido negro y con una cierta dulzura en el rostro, que señala hacia la pareja de enamorados como indicando a Hades que Orfeo está a punto de provocar la desgracia.

El infierno clásico estaba rodeado por cinco ríos que eran el Aqueronte (río de la aflicción), el Estige (río del odio) que rodeaba los infiernos, el Lete (río del olvido), el Cocito (río de las lamentaciones) y el Piriflegetone (río del fuego) -Roy, Willis Mitología. Guía ilustrada de los mitos del mundo p.146-. El más importante era el Estige, ya que el barquero infernal Caronte llevaba las almas de los muertos por este río, aunque según otros mitos también por los demás ríos. Su agua pasaba por tener propiedades malignas, pero servía a los dioses para pronunciar un juramento solemne. Si el dios cometía perjurio le esperaba un castigo terrible. Los antiguos daban el nombre de Estige a cierto manantial de la Arcadia, que brotaba de una roca y desaparecida bajo la tierra. Se creía que eran aguas venenosas y que quebraban objetos de metal (Falcón Martínez, Constantino Diccionario de la mitología clásica p. 231).

Óbolo. Massalia. Ca. 200-121 a.C. Fuente: Museu de Prehistòria de Valè.ncia

Óbolo. Massalia. Ca. 200-121 a.C. Fuente: Museu de Prehistòria de València

Caronte es un genio del mundo infernal cuyo cometido era pasar las almas de los muertos con su barca hasta la orilla opuesta del río del odio. Los difuntos debían pagarle con un óbolo (moneda de los antiguos griegos, que era la sexta parte de la dracma) que llevaban en la boca. De ahí la costumbre del mundo clásico occidental de introducir una moneda en la boca del cadáver en el momento de enterrarlo. Caronte no rema, de ello se encargan las almas de los fallecidos, pero en su barca sólo lleva a los que habían recibido las honras fúnebres debidas. Los muertos insepulcros debían vagar durante cien años por las orillas del Cocito antes de ser admitidos en el Hades. Los vivos que intentaban entrar en el reino subterráneo también eran rechazados, pero algunos conseguían entrar como el ya mencionado Orfeo.

"El paso de la laguna Estigia" Joachim Patinir, 1520-1524 Museo del Prado.

“El paso de la laguna Estigia” Joachim Patinir, 1520-1524 Museo del Prado.

El barquero infernal solía ser representado en las bellas artes como un viejo muy feo de ojos llameantes, barba gris e hirsuta, ataviado con harapos que en ocasiones son una capa anudada al cuello. Provocaba terror a las pobres almas de los difuntos que tenían que emprender viaje como se observa en el pequeño rostro del difunto de “La Laguna Estigia” de Joachim Patinir. Caronte aparece con las características ya descritas, remando por el río de tonos verdosos y superficie opaca hacia el infierno. Éste se encuentra en la zona derecha del lienzo. Vemos una torre redonda, con fuego a sus espaldas, que evoca claramente a El Bosco (Silva Maroto, Pilar Guía. Pintura flamenca de los siglos XV y XVI, Museo del Prado p.176). La puerta de la torre está vigilada por el perro de tres cabezas Cerbero, el guardián del infierno elegido por Hades en el mundo clásico.

  • En este enlace tenéis acceso a la audioguía del Museo del Prado para “El paso de la laguna Estigia”.

A esta bestia mitológica podemos estudiarla mejor en la obra de Francisco de Zurbarán “Hércules y el Cancerbero”. Ésta es una de las diez pinturas que dedicó el artista español al héroe griego. Heracles, Hércules para los romanos, que fue el único ser humano al que se le concedió la inmortalidad entre los dioses. Las hazañas más famosas de Heracles se sistematizaron en el relato de los Doce Trabajos que

"Hércules y el Cancerbero" Francisco de Zurbarán, 1634. Museo del Prado.

“Hércules y el Cancerbero” Francisco de Zurbarán, 1634. Museo del Prado.

tuvo que realizar en penitencia por haber matado durante un acceso de locura a su mujer e hijos, y que exigían un esfuerzo y valor sobrehumanos. La última tarea era llevar a Euristeo, rey de Tiro al que el héroe servía, al feroz perro tricéfalo con cuerpo de serpiente llamado Cerbero. Algo que no se había atrevido a hacer nadie debido a la gran fuerza del animal, que era inmune a cualquier arma. El héroe utilizó la fuerza combinada con la astucia y consiguió someter a la bestia tirando de las cadenas que la sujetaban a la puerta del Hades, al tiempo que amenazaba constantemente con su maza, sin llegar nunca a usarla. Llevó a la bestia frente a Euristeo y, una vez dada por finalizada la prueba, lo devolvió a los infiernos”.

(*) “Los Titanes eran unos gigantes monstruosos que habían nacido de la sangre de Urano, que retaron a Zeus. Éste dirigió a los dioses contra ellos dando lugar a la Gigantomaquia, la batalla contra los Gigantes, de la que salió victorioso y estableciéndose como jefe supremo de los cielos y la tierra”. Véase Roy, Willis Mitología. Guía ilustrada de los mitos del mundo p. 129.

De esta forma concluye este extenso capítulo de mi tesina “Iconografía del Diablo en la pintura del Museo del Prado” dedicado a la morada del Diablo, el infierno. En la próxima entrada de esta categoría El Diablo en el Prado de Iter Criminis llegamos a las conclusiones del trabajo.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2014 Cristina Sanz

Artículos relacionados

CristinaSanz

Autor: CristinaSanz

Periodista de la Crónica Negra y el Social Media pasando por Radio Nacional de España. "Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco". Scaramouche, Rafael Sabatini.

Un Comentario

  1. Pingback: El Diablo en el Prado. Conclusión de una tesina | Iter Criminis. Camino del Delito

Deja un comentario

Campos requeridos marcados con *.


Social Media Icons Powered by Acurax Web Design Company
Copy Protected by Chetan's WP-Copyprotect.
Visit Us On TwitterVisit Us On FacebookVisit Us On Google PlusVisit Us On LinkedinCheck Our Feed