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Iter Criminis. Camino del Delito

Por Cristina Sanz Sánchez, periodista

El Diablo en el Prado. Capítulo VI. Otras fuentes: La Leyenda Dorada

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ICONOGRAFÍA DEL DIABLO EN LA PINTURA DEL MUSEO DEL PRADO

CAPÍTULO V.I. OTRAS FUENTES PARA LA ICONOGRAFÍA

La entrada anterior a ésta es Capítulo V. La gran bestia: el dragón (parte II).

“El gran dragón simboliza siempre la encarnación del mal, por lo que en los relatos legendarios es vencido, amansado o muerto por un santo. Aparece descrito en varias ocasiones en los Evangelios Apócrifos como en el Evangelio de Bartolomé durante la conversación con Satanás (*) y por supuesto en la Leyenda Dorada escrita en el siglo XIII por el dominico Jacopo della Vorágine. En un principio esta obra se tituló Legenda Sanctorum, que fue continuada por manos anónimas y divulgada por toda Europa bajo el título de Leyenda Dorada. Contiene unas doscientas veinte narraciones hagiográficas repletas de prodigios y dónde aparecen seres fabulosos, pues la obra no pretende regirse por el espíritu crítico que hoy se exigiría, sino que incluye tradiciones o inventa episodios fantásticos sin ocultarlo ya que su propósito es dar a conocer la personalidad del salto y enaltecerla, valiéndose para ello de fantasías poéticas y novelescas.

En casi todos los relatos de la Leyenda Dorada aparece el Diablo, pero sólo en unas cuantas adopta la forma de dragón. Este es el caso del capítulo dedicado a San Jorge, que nos es magníficamente ilustrado por la mano del genial artista Peter Paul Rubens en su obra “Lucha de San Jorge y el dragón”, fechada aproximadamente en torno al año 1606 dentro de la escuela flamenca del siglo XVII. San Jorge es uno de los personajes más populares del santoral cristiano y, por ello, uno de los más representados en el arte.

Lucha de San Jorge y el Dragón. Peter Paul Rubens. XVII. Pintura flamenca.

Lucha de San Jorge y el Dragón. Peter Paul Rubens. XVII. Pintura flamenca.

Esta obra representa el episodio más conocido de su vida rememorando un legendario combate recogido en la obra de Vorágine, en el que el santo tuvo que medir sus fuerzas con un dragón para defender a una joven princesa, obteniendo finalmente la victoria. Se le con espada y escudo sobre un caballo blanco y con un fantástico dragón a sus pies, acompañado de la doncella que salga de una muerte segura. El santo vence a las fuerzas del mal, identificadas con el Diablo en forma de dragón -así se le llama en el Apocalipsis de San Juan-, por los méritos de su fe. La princesa es identificada con la Iglesia, siendo en el texto de la Leyenda Dorada la hija única de un rey de la provincia turca de Libia. Cuenta la historia que esta princesa vivía cerca de la ciudad de Silca, dónde existía un gran lago habitado por un enorme dragón que atemorizaba a las gentes de la comarca y cuyo olor era tan sumamente pestilente que llegaba a las murallas de la ciudad, infestando a todo aquel que tratase de acercarse a la orilla del gran lago. Los habitantes de Silca arrojaban al lago cada día dos ovejas para mantener alimentada a la bestia y que no les atacase. Pero llegó un día en que casi no tenían animales para poder ofrecer al dragón y, tras una reunión en la que participó todo el pueblo, acordaron arrojar cada día al agua una sola oveja y una persona, la cual se elegiría por sorteo sin excluir a nadie.

Cuando ya quedaban muy pocos habitantes, un día la mala fortuna recayó sobre la hija del rey que intentó infructuosamente convencer a los lugareños para que no sacrificasen a su amada hija. Llegado el día fatídico, la princesa recorría el camino hacia el gran lago llorando amargamente cuando se encontró con San Jorge, que tras escuchar la historia de la joven decidió ayudarla en nombre de Dios. En ese momento apareció el feroz dragón y el santo se acomodó en su caballo, enristró su lanza y luchó contra la bestia. Con la ayuda de la princesa ataron al dragón y lo llevaron hasta el pueblo dónde San Jorge comunicó a los habitantes que Dios les había enviado para librarles del monstruo y que todos tenían que ser bautizados para que él matase a la bestia. Veinte mil hombres se bautizaron en aquella ocasión, pero en el computo no se incluyeron ni a las mujeres ni a los niños. Una vez librados del asedio del dragón, el rey agradecido hizo construir una iglesia dedicada a Santa María y a San Jorge (Vorágine, Jacopo “La Leyenda Dorada” p. 248-250).

'La Loa', auto sacramental de origen medieval que se celebra en La Alberca (Salamanca)

‘La Loa’, auto sacramental de origen medieval que se celebra en La Alberca (Salamanca)

Hay que señalar que el pueblo tiene a veces una imagen del Diablo que no siempre coincide con la que la Iglesia se afanó en transmitir, que no tiene muy en cuenta al dragón como forma de Lucifer. Esto se demostraba en las representaciones teatrales dedicadas a los misterios, que con el tiempo se vuelven cada vez más fantasiosas. En los siglos XIV y XV se difunde el gusto por lo espectacular y aparece el Diablo cornudo vestido con pieles de animales, negro, etc. También se toma la imagen del Príncipe de las Tinieblas con humor y sátira. Estas representaciones se convierten en una válvula de escape para las gentes aterrorizados por las enseñanzas de algunas clérigos. En estas obras teatrales se suele ridiculizar al Diablo al que se le puede engañar fácilmente e incluso pegar, convirtiéndose muchas veces en bufón ridículo.

Un mismo relato puede ser interpretado por cada artista según su imaginación e influencia de las circunstancias culturales de la época. La inventiva de los artistas determinó en muchas ocasiones la iconografía del Diablo, sin ninguna otra fuente que no fuese su propia capacidad para figurarse a Satanás y sus legiones diabólicas”.

(*) ‘Entonces les hizo bajar al monte de los Olivos [Jesús a los apóstoles]. Y hablando lanzado una mirada de furor a los ángeles que custodian el Tártaro [infierno], indicó a Miguel que hiciera sonar la trompeta fuertemente. Cuando éste la hubo sonado, subió Belial aprisionado por 560 ángeles y atado con cadenas de fuego. El dragón tenía de largo mil seiscientos codos y de ancho cuarenta. Su rostro era como una centella, y sus ojos, tenebrosos. De su nariz salía humo maloliente, y su boca era como la hendidura de un precipicio’ (Santos, Otero, Aurelio “Los Evangelios Apócrifos” p. 115).

Y hasta aquí Otras fuentes: La Leyenda Dorada. En la siguiente entrada, nuevo y apasionante capítulo El último escenario: Juicio Final.

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CristinaSanz

Autor: CristinaSanz

Periodista de la Crónica Negra y el Social Media pasando por Radio Nacional de España. "Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco". Scaramouche, Rafael Sabatini.

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