Iter Criminis. Camino del Delito

Por Cristina Sanz, periodista

El Diablo en el Prado. Capítulo I: Elegir la forma para hacer el mal. (Parte I)

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ICONOGRAFÍA DEL DIABLO EN LA PINTURA DEL MUSEO DEL PRADO

CAPÍTULO I. ELEGIR LA FORMA PARA HACER EL MAL (Parte I)

“El Diablo ha sido y es considerado como uno de los pilares en los que se sustenta la religión cristiana. Pocos personajes han provocado tanto terror y fascinación a la vez en la Historia del Arte. Muchas han sido las formas que se le han dado a la figura del Ángel Caído y su consorte. El problema de su presentación iconográfica  es que nunca fue descrito físicamente en las Sagradas Escrituras. Así todo tipo de influencias, desde las clásicas a las orientales, han enriquecido la iconografía satánica, aunque no siempre existió a lo largo de la historia la voluntad de representarlo. Nacido de la religión, el Diablo penetró en la cultura profana que lo ha utilizado ampliamente. Vaciado de de todo contenido objetivo en la cultura actual, puede revestirse de cualquier forma del imaginario.

Sin duda, la principal característica del diablo es su poliformismo, cuya única finalidad es conseguir que el hombre viva en pecado mortal. ‘Si Dios es ‘El que es’, el demonio es ‘Aquel que cambia” (Louis Réau, 1996: 84). Varias han sido las formas que han adoptado los demonios según su propia voluntad, tanto antropomórficas como zoomórficas: la serpiente que aparece ya en el Génesis, en la tentación de Eva; mujeres lascivas que tientan a los hombres; el gato negro; el oso; el cuervo, etc. Pero la figura más estrechamente vinculada culturalmente con Lucifer es la del cabrón o macho cabrío (Génesis 3, 1-5), centro de adoración en todo aquelarre o Sabbat, como recordamos en la obra de Goya Aquelarre (escena sabática), cuyo título real goyesco es El Gran Cabrón. Dentro de las pinturas negras del genio aragonés, esta obra mural gira en torno a la siniestra figura del Diablo en forma de gran macho cabrío. Podemos contemplar una muchedumbre de formas humanas grotescas, con facciones bestiales, que se abren en semicírculo dejando en un lateral a un delicado personaje femenino con manto oscuro y manguito, que sin duda tiene un significado especial. Varios autores apuntan a que tal vez represente la ceremonia de iniciación.

"Aquelarre" o "El Gran Cabrón" 1823. Francisco de Goya

“Aquelarre” o “El Gran Cabrón” 1823. Francisco de Goya

 

Varias descripciones se han dado del primer ángel rebelde a lo largo de la historia del Cristianismo. Pierre de Lancre, tras su experiencia como inquisidor, especialmente afanado  en la caza de brujas en las tierras de Labourd y  que destacaba por su intransigencia y misoginia -al considerar que la mujer tiene una perversidad intrínseca-, dio una descripción que hoy se considera clásica y que se corresponde con numerosas imágenes pictóricas de tema infernal y demoníaco: Unos dicen que es como un gran tronco de árbol oscuro sin brazos ni pies, sentado en una cátedra con alguna forma de rostro de hombre grande y horrible. Otros dicen que es un gran cabrón, con dos cuernos hacia delante y dos hacia atrás, de los cuales los delanteros se enlazan hacia arriba como las pelucas de mujer. Pero lo común es que tenga solamente tres cuernos y que tenga una especie de linterna en el central con la cual acostumbra a iluminar el Sabbat y dar fuego y luz. También se le ve una especie de gorro o sombrero por debajo de sus cuernos. Y tiene hacia delante su miembro estirado y pendiente, y lo muestra siempre de la longitud de un codo y una gran cola por detrás, y una especie de rostro por encima del que no sale ninguna palabra, sólo le sirve para darlo a besar a aquellos que le parece buenamente, honrando a ciertos brujos y brujas más que a otros. Otros dicen que él tiene forma de un gran hombre vestido tenebrosamente y que no quiere ser visto claramente, si bien dicen que es resplandeciente y su rostro rojo como el hierro recién salido de la fragua. (Flores Royuelo, J. “El diablo en España” p 42, 1985).

Museo de las brujas de Zugarramurdi (Navarra).

Museo de las brujas de Zugarramurdi (Navarra).

Otra descripción típica la podemos encontrar en el “Segundo discurso de Pedro de Valencia acerca de los brujos y sus maleficios”, obtenida de los testimonios recogidos en el proceso inquisitorial de Zurragamurdi (*): Los ojos tiene grandes, redondos, muy abiertos, encendidos y espantosos; la barba de cabrón y todo el cuerpo como entre hombre y cabrón; los dedos de las manos iguales, corvos y rampantes como de ave de rapiña; los pies como de ganso; la cola de ganso; la voz espantosa y desentonada, pero baja, ronca y triste; parece el roznido de un mulo, no pronuncia bien las palabras y se entienden con dificultad; habla con arrogancia y gravedad con semblante melancólico y que siempre parece estar enojado. (“El diablo en España”, p 42).

La imagen de la literatura demonológica, de las declaraciones de los acusados ante los inquisidores, de los sermones, es siempre estremecedora y terrorífica. En las artes plásticas la imagen del Diablo se ha visto presionada por leyes estéticas que lo han llevado por caminos distintos.

Los rasgos de Satanás son múltiples, según cada periodo artístico y la propia imaginación del artista. Las composiciones artísticas referidas al demonio se integraron en un programa iconográfico inspirado en los textos autorizados para que así la ortodoxia estuviese a salvo. En determinadas épocas, si el artista cometía algún error podía ser reprendido e incluso verse frente al tribunal de la Inquisición.”

(*)Nota actual: Si os interesa saber más sobre el proceso inquisitorial de Zurragamurdi os aconsejo que veáis el capítulo “Artes oscuras” de la serie “Relatos sangrientos de Europa” con la firma de, nada más y nada menos, National Geographic

Hasta aquí la primera parte de este primer capítulo de la “Iconografía del Diablo en la pintura del Museo del Prado”. Muy pronto la segunda parte con las numerosas fuentes de las que ha bebido la imagen del Diablo.

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Cristina Sanz Sánchez

Autor: Cristina Sanz Sánchez

Periodista de Crónica Negra y Judicial. Especialista en Comunicación Corporativa y Social Media, pasando por Radio Nacional de España. "Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco". Scaramouche, Rafael Sabatini.

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