Iter Criminis. Camino del Delito

Por Cristina Sanz Sánchez, periodista

El Diablo en el Prado. Capítulo IV. El Diablo en el infierno: la Anástasis

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ICONOGRAFÍA DEL DIABLO EN LA PINTURA DEL MUSEO DEL PRADO

CAPÍTULO IV. EL DIABLO EN EL INFIERNO: LA ANÁSTASIS

 

Viene de El Diablo en el Prado. Capítulo III. El Tentador.

“El conflicto entre Dios y el Diablo comenzó con la caída de Satán de su estado original de santidad mucho antes de que Adán y Eva fueran creados. A través de la historia del hombre cayeron sobre Satanás varios juicios, incluyendo el juicio del huerto del Edén en el que fue condenada la serpiente y en el Génesis 3:15 donde se anuncia la caída definitiva del Diablo. En este pasaje, el Maligno ya fue advertido de que la simiente de una mujer ‘te herirá la cabeza y tú le herirás el calcañal’. Esto se refería al conflicto entre el Diablo y Dios que trajo como resultado inevitable la Crucifixión de Cristo. Aunque Cristo murió en la cruz, se levantó de entre los muertos tras descender al limbo y vencer al Diablo, lo cual ha sido representado en infinidad de ocasiones en la Historia del Arte como la Anástasis. No es hasta este momento en que Jesús vence al Diablo en las puertas del infierno cuando Satán comprende que Cristo es Señor y su consecuente perdición.

La fuente de este tema no la encontramos en los Evangelios, sino que se trata de una leyenda que apareció por primera vez en el Evangelio apócrifo de Nicodemo, siendo difundida por el mundo por la Leyenda Dorada y por el Speculu Humanae Salvationis de Vicent de Beauvais. Los apócrifos cristianos señalaban que tras Jesús se habían ido todos los que poblaban el infierno, pero el Evangelio de San Bartolomé [PDF], que también recoge el relato de la Bajada de Cristo al Limbo -dónde quién habla es el propio Jesús-, se asegura que allí habían quedado Judas, Herodes y Caín, además de asesinos, adúlteros, ladrones, avaros y apóstatas de la fe. Según el Evangelio  de Nicodemo – en el cual algunos muertos resucitados tras la muerte de Cristo en el Gólgota los que describen la Anástasis– el cuerpo de Cristo permaneció en la tumba mientras su alma descendía al infierno y liberaba el alma de los justos, antes de la Resurrección.

Retablo del Arzobispo Don Sancho de Rojas. Anónimo español, XV.

Retablo del Arzobispo Don Sancho de Rojas. Anónimo español, XV. Museo del Prado. La Anástasis aparece en la tabla derecha.

Es necesario aclarar que el limbo no representa al infierno en sí mismo, sino que puede considerarse como la orilla del infierno, la frontera entre este recinto y el Paraíso, dónde esperan los justos no bautizados. El Hades es el nombre que toma el infierno en la mitología griega, tomado directamente del dios de los muertos que reinaba en él, pero en la Anástasis no se refiere al dios ni al infierno pagano, sino la personificación del más allá, el lugar dónde iban todos los muertos antes de la Redención. En los Evangelios Apócrifos que describen el relato que nos ocupa, describen el Hades como un ser antropomorfo con capacidad para hablar y actuar como un ser humano. En el Evangelio de Nicodemo y en el de San Bartolomé se dice que Hades y Satán mantuvieron una conversación para intentar defender el infierno de la llegada de Cristo.

Esto representa un nuevo personaje diferente al Diablo, pero habitante del infierno. ‘Se puede considerar como una de las representaciones con forma humana de accidentes geográficos que se podían encontrar a partir de la época helenística griega y que fue asimilada por la iconografía cristiana. Su imagen se relaciona con la de los ríos o los montes personificados que aparecen en los relieves clásicos de Grecia’ (Elvira 1994: 140). Suele aparecer con la figura de un hombre blanco, atlético pero ya anciano, con larga cabellera y barba blancas. De manera más marginal y por el interés de algunos artistas en conferir un tinte demoníaco a la figura de Hades, podemos observarle como un gigante negro o azul oscuro, de cabellera erizada hacia arriba, que recuerda más a un demonio. Hades nació exclusivamente para la iconografía de la Anástasis.

La representación clásica de esta narración nos muestra a Jesús triunfante que rompe las puertas del infierno aplastando a Satanás -símbolo de su victoria sobre el mal- e insertando la cruz en las enormes fauces del monstruo Leviatán. Tras esto, Cristo libera a Adán, a los patriarcas y a los justos del Antiguo Testamento. Así, nos encontramos entonces con dos grandes tipos de representaciones de este relato en las Bellas Artes. Por una parte, la victoria ya comentada de Cristo sobre Satanás en las puertas del infierno, como en el “Retablo del Arzobispo Don Sancho de Rojas” que nos ofrece una visión del Diablo en forma de dragón aplastado por la puerta del Hades al paso de Jesucristo. Por otro lado, el Cristo que saca del Limbo -que también podemos encontrar como ‘infierno de los justos’- a los Primeros Padres. Hay varios ejemplos en la pintura del Diablo aferrándose a Adán para que Jesús no le libere, aunque en algunas ocasiones es Hades quién intenta impedir la liberación.

"Descenso de Cristo al Limbo" Sebastiano del Piombo, s. XVI. Museo del Prado.

“Descenso de Cristo al Limbo” Sebastiano del Piombo, s. XVI. Museo del Prado.

Ilustración de este último caso lo encontramos en la obra del italiano Sebastiano Luciani, llamado Sebastiano del Piombo. “Bajada de Cristo al Limbo”, pintado hacia el 1530, se inspira en dibujos de Miguel Ángel para realizar el magnífico escorzo de Cristo dirigiéndose a Adán y Eva, que se encuentran a sus pies. Esta obra formaba parte de los laterales de un tríptico, hoy fragmentado, y presenta a un Cristo triunfante en el Limbo. Detras de él podemos ver en la sombra a dos hombres entre las llamas del infierno, uno de ellos portando un madero.

El descenso a los infiernos fue un tema conocido en el arte medieval europeo, pero dónde adquirió más importancia fue en las representaciones artísticas bizantinas, sobre todo a partir del siglo X. Esto es debido a que la Anástasis fue considerada como la forma más adecuada de representación de la Resurrección de Jesucristo. El infierno será considerado como una estancia y no como un gran monstruo.

El relato del descenso de Cristo a los infiernos ha dado numerosas variantes artísticas, en especial por la influencia de los autos sacramentales. Los espectadores gustaban de ver cómo los demonios de todas las formas, armados con todo tipo de instrumentos de tortura, defendían el infierno ante la llegada de Jesucristo armado con la cruz de la Resurrección. El arte se hizo eco de esto y vemos las puertas del infierno como las fauces del Leviatán de Job, rey del infierno. Ya en el renacimiento podemos ver al perro de tres cabezas Cerbero, guardián de las puertas del Hades, de origen griego. En el siglo XVIII encontramos ángeles que acompañan a Cristo en su descenso. Dos de ellos sacan de las fauces del gran monstruo Leviatán las almas de los justos. Entonces se forma un cortejo encabezado por Adán y Eva que llega hasta el Paraíso (Cortes, Miguel Imagen de los infiernos en el arte bizantino, en El Diablo en el monasterio, VIII Seminario sobre historia del monacato, pp. 153-173).

Pero Cristo no es el único que desciende al infierno, la Virgen María y San Pablo también realizan su particular visita al reino de Satán con distintos objetivos. La fuente de estos temas son los Apocalipsis griegos y la descripción de San Efrén el Sirio, de quién deriva la iconografía bizantina de la Divina Comedia de Dante. La Madre de Jesús había pedido al arcángel San Miguel que bajase al infierno para conocer los tormentos que allí se realizaban, rogándole expresamente que tuviese muy en cuenta a aquellos que sufrían las mujeres. Una vez conocidos los tormentos, la Virgen implora la clemencia de Cristo para los pecadores y consigue una tregua anual desde la Pascua hasta la fiesta de Todos los Santos para ellos. También San Pablo es conducido por San Miguel al infierno, y al ver tanto sufrimiento, ambos suplican a Jesucristo que conceda a los réprobos un descanso dominical, a lo que el Hijo del Hombre accede, según el relato de la leyenda Visio sancti Pauli del siglo IV (Réau, Louis Iconografía del arte cristiano. Iconografía de la Biblia. Nuevo Testamento, p.752)’.

Hasta aquí el cuarto capítulo de mi tesina “Iconografía del Diablo en la pintura del Museo del Prado”. El próximo capítulo, el V ya, se titula “La gran bestia: el Dragón”.

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Cristina Sanz Sánchez

Autor: Cristina Sanz Sánchez

Periodista de Crónica Negra y Judicial. Especialista en Comunicación Corporativa y Social Media, pasando por Radio Nacional de España.
“Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco”. Scaramouche, Rafael Sabatini.

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