Iter Criminis. Camino del Delito

Por Cristina Sanz Sánchez, periodista

El Diablo en el Prado. Capítulo VI. El último escenario: Juicio Final (parte II)

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ICONOGRAFÍA DEL DIABLO EN LA PINTURA DEL MUSEO DEL PRADO

CAPÍTULO VI. EL ÚLTIMO ESCENARIO: JUICIO FINAL (PARTE II)

La entrada anterior a ésta es Capítulo VI. Juicio Final (Parte I).

“El texto apocalítpico está lejos de aportar todos los detalles, escenas, personajes y condenas que encontramos en las representaciones pictóricas del Juicio Final y de los elementos que lo componen, que han abrevado de otras fuentes textuales e iconográficas. La resurrección de los muertos evoca fielmente en la mayoría de los casos la visión que nos ofrece el Apocalipsis. Un ángel pliega el cielo estrellado mientras que la tierra y el mar restituyen los cadáveres que se habían tragado. La tierra suele estar personificada por bestias salvajes que devuelven a los seres humanos que habían devorado. El mar suele aparecer como una mujer sentada acompañada con un cuerno de la abundancia, otra reminiscencia griega que adopta el cristianismo, que también se conoce con el nombre de cornucopia (símbolo mitológico de la antigua Grecia de carácter ornamental que representa un cuerno de cabra rebosante de frutos, flores, etc.), y rodeada por monstruos marinos que escupen a los ahogados.

El infierno en el Juicio Final procede en gran medida de los sermones de San Efrén el Sirio. Entre los temas de sus sermones se encuentran aquellos que se refieren a la Gloria de Dios, el trono del Juicio, la belleza de los cielos destinados a los elegidos, la condena de los pecadores y su inclusión en los castigos eternos. La representación más típica del infierno en el Juicio Final es la de un largo y caudaloso río de fuego que mana de los pies del Cristo de la Deisis (*) y dónde se encuentran los condenados a la tortura eterna. Dependiendo de la representación artística podemos encontrar a personajes conocidos quemándose entre las llamas como Mahoma, un emperador, obispos, monjes, bárbaros, etc. En ocasiones, un ángel les empuja con fuerza hacia el centro del recinto donde se encuentra Lucifer caracterizado como un horrible monstruo que sostiene en sus rodillas a una pequeña figura, que dependiendo de la ocasión, puede ser un niño pequeño que representa al Anticristo, o el rico Epulón que no quiso ayudar al pobre Lázaro en la parábola relatada por Lucas en la Biblia.

"Apocalipsis de Beatus". 766 d. C.

“Apocalipsis de Beatus”. 766 d. C.

El “Tríptico de la Redención” del artista flamenco Vranke Van der Stockt nos muestra algunos de los elementos del Juicio Final apocalíptico, que remite al “Juicio Final del Hospital de Beune” de Weyden [Enlace al cuadro y detalles]. El pasaje que nos interesa aparece en la tabla derecha de esta obra realizada hacia el año 1460, dotado de una rica iconografía. Vemos a Cristo Juez ataviado con una túnica roja sentado sobre el Universo y flanqueado por la Virgen María y San Juan Bautista representando la Deisis ya comentada. En la parte inferior de la escena se produce la resurrección de los muertos que salen desnudos y agotados de sus tumbas en la tierra. En la parte izquierda se encuentran los bienaventurados que siguen al ángel de camino a la salvación. En cambio, en la esquina derecha están los condenados que se echan la mano al cuello con gran angustia mientras se dirigen a la entrada de la caverna oscura que llega hasta el infierno.

"Tríptico de la Redención" Vrancke van der Stockt, 1455. Museo del Prado.

“Tríptico de la Redención” Vrancke van der Stockt, 1455. Museo del Prado.

En esta tabla también está representadas Las obras de misericordia. En las enjutas se incorporan La conducción del cadáver y El entierro, y en la arquivolta las seis restantes: Vestir al desnudo, Dar de beber al sediento, Dar de comer al hambriento, Aconsejar al necesitado, Redimir a los presos y Visitar a los enfermos. Francisco Pacheco en El arte de la Pintura, ilustra cómo se debía pintar el Juicio Final durante la Contrarreforma, pero nos vamos a fijar en las premisas que desarrolla para la representación del Diablo, sus siervos, los condenados y el infierno (**).

"Tríptico del Juicio Final" El Bosco, 1504. Academia de Bellas Artes de Viena.

“Tríptico del Juicio Final” El Bosco, 1504. Academia de Bellas Artes de Viena.

Aunque no tenemos la fortuna de que forme parte de la colección del Prado, el “Tríptico del Juicio Final” realizado por el genial artista flamenco El Bosco en 1504 nos interesa sobremanera por su visión de este pasaje cargado de pesimismo ya que el infierno invade casi completamente la composición del juicio pintado en la tabla central del tríptico, quedando los bienaventurados relegados a un pequeño semicírculo que rodea la corte de Cristo Juez. Debajo de esta escena se desarrolla el gran infierno caracterizado como siempre por la gran imaginación del artista que presenta una enorme variedad de torturas y tormentos, en los que las mujeres lujuriosas tienen un sapo en su sexo, los sodomitas son montados por bestias monstruosas, los glotones son atiborrados de comida y bebida, en definitiva, cada uno es castigado según el pecado que cometió en vida. En el infierno, como en toda la iconografía infernal, destacan los colores rojos y negros. El rojo es el color de la sangre y el fuego, profundamente terrestre y humano, también inspira venganza. El negro es la negación de la luz, el color del mal, de los demonios, del infierno, de las tinieblas. El símbolo de la nada”.

(*) Deisis es la palabra griega que significa “plegaria” y designa al grupo trinitario formado por Cristo Juez, flanqueado a izquierda y derecha por la Theokos y el Prodromo (Precursor), es decir, por la Virgen María y San Juan Bautista que interceden de rodillas por el perdón de los fieles. (Réau, Louis “Iconografía del arte cristiano. Iconografía de la Biblia- Nuevo Testamento, p. 754).

(**)Síguese lo último de la mano izquierda, que es una cuadrilla innumerable de condenados, con acciones y gestos afligidos, medrosos, impacientes, a quien los ángeles (no demonios, como hacen otros pintores) apartan de entre los justos y llevan más de paso con espadas de llamas, mezclados hombres y mujeres, y demonios entre ellos. Cércalos un fuego, y por algunas aberturas de la tierra salen volcanes y en contraposición de los que se levantan en el aire de la parte diestra, se abre la tierra, y en sus bocas y quiebras parece que los recibe, en vez de la boca del infierno, que ponen otros. Unos destos, con horrible figura, cercado de un demonio serpiente o quimera, dando crueles gritos, que eriza el pelo, imita una de las almas, y es la del infierno, que hizo de cera de colores, Juan Bernardino de Nápoles, insigne pintor, que es horrible a la vista. La figura principal de este lado tiene las manos en los oídos, y con melancólico y lloroso derrama lágrimas sin fruto”; véase, Pacheco, Francisco El arte de la Pintura, p. 314.

Y con estos dos pequeños apuntes finaliza este capítulo de El Diablo en el Prado dedicado al Juicio Final. En la próxima entrada de mi tesina “Iconografía del Diablo en la pintura del Museo del Prado” os presento “Varios rostros, varios nombres”.

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Cristina Sanz Sánchez

Autor: Cristina Sanz Sánchez

Periodista de Crónica Negra y Judicial. Especialista en Comunicación Corporativa y Social Media, pasando por Radio Nacional de España.
“Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco”. Scaramouche, Rafael Sabatini.

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