Iter Criminis. Camino del Delito

Por Cristina Sanz Sánchez, periodista

El Diablo en el Prado. Capítulo VIII. La morada del Diablo: el infierno (Parte II)

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ICONOGRAFÍA DEL DIABLO EN LA PINTURA DEL MUSEO DEL PRADO

CAPÍTULO VIII. LA MORADA DEL DIABLO: EL INFIERNO (PARTE II)

La entrada anterior a ésta es la primera parte del capítulo VIII, La morada del Diablo: el infierno (parte I).

“Hacia el año 1300, el arte occidental se sacude de ciertas reglas artísticas impuestas por la Iglesia y se permite representar el infierno según las versiones apócrifas, monásticas y visionarias. Numerosas tradiciones se convierten entonces en fuentes de la iconografía infernal: la corriente mediterránea oriental con visiones apocalípticas hebreas y apócrifas; las tradiciones celtas a través de las visiones y viajes anglosajones del siglo XII;  la tradición monástica occidental con sus sermones de intención moralizante había conformado una visión más cercana del más allá.

En el siglo XIV se da un gran cambio en la iconografía infernal. En esta época la tradición clásica se convierte en primerísima fuente de las imágenes. Imágenes como los cuerpos invertidos, colgando de sus miembros, hombres y mujeres hundiéndose en las profundidades que podemos ver en numerosas obras, son imágenes tomadas de esta tradición. Los cuernos de poder, la barba hirsuta, los ojos encendidos que suele mostrar Lucifer, son préstamos folklóricos y populares. La figura devoradora del demonio coincide con la representación de viejas divinidades mediterráneas.

En la época de la Contrarreforma, siglo XVI, se dieron una serie de pautas iconográficas para que los artistas, llevados por su imaginación, no realizasen obras artísticas de carácter religioso que no coincidiesen rigurosamente con los textos bíblicos. Tras el Concilio de Trento de 1545 se codificó en cierta medida las representaciones del Diablo y en infierno, quedando este último representado únicamente con la oscuridad, las llamas y el Leviatán de Job.

Posteriormente, la representación infernal no sólo se terminó imponiendo por colorido o tratamiento formal, sino que el motivo iconográfico del infierno se ha enriquecido gracias a la imaginación de muchos artistas.

La más bella y completa representación del infierno que podemos disfrutar en el Museo del Prado forma parte del famoso tríptico de El Bosco, “El jardín de las Delicias”, también conocido como la “Pintura del madroño”, realizada hacia el 1500-1510. En otras dos obras del genio flamenco, “El carro de heno” y “La mesa de los pecados capitales”, vemos otros infiernos pero de menor tamaño y belleza que el que vamos a encontrar.

"El jardín de las delicias. Tabla de El Infierno". Hieronymus van Aeken Bosch, El Bosco, 1500-1510. Museo del Prado.

“El jardín de las delicias. Tabla de El Infierno”. Hieronymus van Aeken Bosch, El Bosco, 1500-1510. Museo del Prado.

Aunque algunos estudiosos han creído ver en su rostro el autorretrato del pintor, testigo de los castigos infernales, su ubicación en el punto central del infierno, su color blanco sobre fondo oscuro y, sobre todo, su gran tamaño en comparación con el resto de seres que pueblan la tabla denotan que esta es la figura de Satanás. Es una figura cargada de símbolos negativos, inestable y ambigua. Jerónimo Bosco -nombre por el que también se le conoce- dibujó una cabeza de rasgos cuidados que se vuelve hacia el espectador y casi le sonríe de un modo irónico.

En “El Infierno” reciben su castigo todos los pecados capitales. Prueba de ello es el monstruo sentado en el primer plano, a la derecha de la tabla, que devora hombres -avaros, probablemente- y los expulsa por el ano. Tampoco faltan castigos para otros vicios que la sociedad de la época consideraba más reprobables como el juego o los destinados a alguna clase social como la de los caballeros, tan desprestigiada en tiempos de El Bosco, según lo constata el caballero atacado por monstruos a la derecha del hombre-árbol. Esta escena también ha sido considerada como posible condena al sacrílego, ya que el caballero que aparece con unos perros hurgándole en el interior de su vientre tiene un cáliz en la mano del que ha caído una Sagrada Hostia. También se critica al clero, como se puede verificar en el cerdo con toca de monja que abraza a un hombre desnudo en el extremo inferior derecho de la tabla, y los monjes-demonio que leen breviarios.

“El jardín de las delicias". Detalle del "infierno musical" en la tabla de El Infierno”. Hieronymus van Aeken Bosch, El Bosco, 1500-1510. Museo del Prado.

“El jardín de las delicias”. Detalle del “infierno musical” en la tabla de El Infierno”. El Bosco, 1500-1510. Museo del Prado.

Podemos decir que hay dos infiernos en esta tabla, uno es el general y el otro el conocido como “infierno musical”. Es una de las escenas más enigmáticas y sugerentes de la obra. En éste, instrumentos musicales gigantescos se transforman en torturadores de los condenados, que en la tabla de “El jardín de las delicias” se dejaban llevar por la música siempre sugerente. Podemos contemplar unos condenados crucificados, cual Cristo y el mal ladrón, en las cuerdas del arpa y en el mástil del laúd u otro sodomizado por una flauta, portando otra como la cruz a cuestas. Esta escena podría significar una condena de la música profana a la que se asociaba frecuentemente con la lujuria.

El pesimismo es el signo principal de la obra. Después de presentar la creación de Dios, el artista presenta la caída del ser humano en el pecado carnal y desenfrenado, que sólo puede llevar a un final dramático en un infierno sin esperanza. Del infierno no se escapa.

  • En este enlace podéis acceder directamente a la audioguía de “El jardín de las Delicias” realizada por el Museo del Prado.

El Bosco ha pasado a la historia como uno de los artistas más imaginativos, enigmáticos y fascinantes de la pintura flamenca. Con un colorido y detallismo insuperables, Hieronymus van Aeken nos ha regalado en numerosas ocasiones el infierno y los demonios más originales y cercanos al mundo onírico, de estudio obligado para nuestro trabajo”.

Y así concluye esta segunda entrada dedicada a la morada del Diablo, el infierno. En la próxima continuaré con mi tesina “Iconografía del Diablo en la pintura del Museo del Prado” con el infierno pagano.

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Cristina Sanz Sánchez

Autor: Cristina Sanz Sánchez

Periodista de Crónica Negra y Judicial. Especialista en Comunicación Corporativa y Social Media, pasando por Radio Nacional de España.
“Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco”. Scaramouche, Rafael Sabatini.

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