Iter Criminis. Camino del Delito

Por Cristina Sanz Sánchez, periodista

El Diablo en el Prado. Conclusión de una tesina

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ICONOGRAFÍA DEL DIABLO EN LA PINTURA DEL MUSEO DEL PRADO

CONCLUSIONES

Esta entrada está precedida por el Capítulo VIII. La morada del Diablo: el infierno. VIII.I El infierno pagano y tras ella, comenzaré a publicar el estudio de las obras de arte presentes en mi tesina “Iconografía del Diablo en la pintura del Museo del Prado” de El Bosco, Goya, Rubens y demás artistas. Pero ahora, es turno para las conclusiones de este trabajo.

“El Diablo ha sido una de las figuras que más cambios ha sufrido en su imagen a lo largo de los siglos. Todo tipo de influencias han conformado su rostro, desde orientales hasta religiosas, pasando inevitablemente por la imaginación de los artistas. Grandes obras del arte universal, desde la literatura, la escultura, la arquitectura y la pintura, han dado muestra de sus diferentes rasgos.

Al principio se optó por recrearle como un ser de extraordinaria belleza, fuerza y sabiduría a razón de su naturaleza angélica. No hay que olvidar que Satán fue el primer ángel creado por Dios, el más hermoso e inteligente. Más tarde, el Diablo apareció feo, monstruoso, terrorífico para así evidenciar a través de su cuerpo, su espíritu maligno. Le pusieron cuernos de cabra, alas de murciélago, tiñeron su piel de negro y le dieron facciones bestiales, pero seguía ejerciendo, incluso hasta hoy, una gran fascinación sobre el ser humano que se siente atraído por él a la vez que lo rechaza.

"El Diablo los junta" 1825. Francisco de Goya

“El Diablo los junta” 1825. Francisco de Goya

El Diablo en sí mismo aúna la paradoja de la belleza y la fealdad. Como dice Leonardo da Vinci en su Tratado de la Pintura, lo feo realza lo bello, y no hay personaje que personifique mejor esta premisa que el protagonista de nuestro estudio. Satán ha pasado por ser temido, burlado, humillado e incluso adorado a lo largo de la historia. Actualmente, (nota: por aquel entonces, el año 2004, pero es una tendencia que continúa vigente) comienzan a proliferar monografías, dibujos, obras literarias y trabajos de todo tipo dedicados a él, símbolo inequívoco del interés que hoy en día mantiene nuestra sociedad por este personaje.

Ya desde el Renacimiento se produce un aumento de la práctica de la magia negra y en la Ilustración, mientras se da un proceso de escepticismo entre los intelectuales respecto a los fenómenos que tengan que ver con el demonio, el esoterismo va cobrando auge con el tiempo, hasta llegar a nuestros días. Incluso algunos escritores románticos, defensores de los ideales liberales, contribuyeron a dar al Diablo una imagen positiva; muchos de ellos vieron en Satán un símbolo de libertad frente a la opresión del poder político del siglo XIX. Así no es de extrañar que en la actualidad el Diablo se haya convertido en un personaje amable, simpático y cuya imagen es utilizada con cierto divertimiento por la sociedad. Hoy es más que nunca el maestro de la ilusión, de la mentira y de lo virtual. El hecho de poder imaginarlo con cualquier forma es lo que le ha hecho inmortal en nuestra cultura.

En este trabajo hemos querido acercarnos a la imagen del Diablo, sus hordas y el infierno de manera seria y objetiva, explicando la razón de sus cambios iconográficos a lo largo de la Historia y por qué han perdurado más unos rasgos que otros. En definitiva, hemos querido esclarecer, en la medida de lo posible, el velo de confusión e ignorancia que envuelve la imagen del Maligno, lo que ha impedido la comprensión de esta figura en las Bellas Artes por gran parte de la sociedad de todos los tiempos”.

Y así, concluye el trabajo principal de El Diablo en el Prado pero esto no acaba aquí. En la próxima entrada de “Iconografía del Diablo en la pintura del Museo del Prado” desarrollaré la obra de Francisco José de Goya, “Aquellare (escena sabática).

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Cristina Sanz Sánchez

Autor: Cristina Sanz Sánchez

Periodista de Crónica Negra y Judicial. Especialista en Comunicación Corporativa y Social Media, pasando por Radio Nacional de España.
“Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco”. Scaramouche, Rafael Sabatini.

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