Iter Criminis. Camino del Delito

Por Cristina Sanz Sánchez, periodista

El Diablo en el Prado. Ficha de ‘El Jardín de las Delicias’ de El Bosco

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Hieronymus van Aeken Bosch, El Bosco.

(Hertogenbosch h. 1450 – 1516)

Tríptico de El Jardín de las Delicias o La pintura del Madroño.

Fecha de la obra: h. 1500 – 1510

Óleo sobre tabla.

220 x 195 cm.

Museo del Prado.

Pese a que no está firmada ni documentada, nadie duda de que se trata de un original de El Bosco realizado entre 1500 y 1510. Obra de carácter moralizador, es unas de las creaciones más enigmáticas, complejas y bellas del pintor. Se ignora el título que le dio El Bosco, lo que ayudaría a desvelar su significado.

El tríptico cerrado representa en grisalla el final del tercer cía de la creación del mundo. Abierto contrasta vivamente con la grisalla por la brillantez de su colorido: el panel izquierdo de El paraíso terrenal, el panel central de El jardín de las delicias y El Infierno en el panel derecho, con su fondo negro dominante. Destaca el punto de vista alto elegido por El Bosco, el mismo para las tres escenas, con el fin de unificarlas pese a ser tan diferente su contenido. Gracias a este punto de vista tan alto -con la consiguiente elevación de la línea del horizonte, como es habitual en las obras del artista-, El Bosco pudo disponer tres planos en cada una de las tablas, contribuyendo de este modo a ordenar la composición. El diseño de las figuras es muy esquemático; el artista señala de forma elemantal y caricaturesca sus rasgos fisonómicos y los puntos esenciales de su puesta en escena (*).

El hombre, a consecuencia de la falta cometida contra Dios, está en el mundo y disfruta de todos los placeres con inconsciencia, inmerso en el pecado que no percibe con claridad. El jardín que representa El Bosco sustituye al antiguo, al jardín del Edén, pero realmente es un engaño (**). La conclusión de esta historia está en la tabla de El Infierno. Este panel es, sin duda, el más impresionante de los creados por el artista. Esta situación de placidez, consentimiento y falsa felicidad tiene su castigo. El artista es pesimista y no muestra señales de salvación. No se castiga a todos sino sólo a aquella parte de la humanidad que se ha dejado llevar por los cantos de sirena de las ‘hijas de la Idolatría’.

Lo que más destaca es la figura del llamado hombre-árbol, asociado c0n el Diablo por su color claro sobre el fondo oscuro y, sobre todo, por su gran tamaño en relación a los otros seres que pueblan la tabla, entre ellos, los que aparecen en su interior componiendo una escena de taberna. Es una figura cargada de símbolos negativos, inestable y ambigua. Jerónimo Bosch dibujó una cabeza de rasgos cuidados que se vuelve hacia el espectador y casi le sonríe de un modo irónico.

En El Infierno reciben su castigo todos los pecados capitales. Prueba de ello es el monstruo sentado en el primer plano, a la derecha de la tabla, que devora hombres -avaros, probablemente- y los expulsa por el ano. Tampoco faltan castigos para otros vicios que la sociedad de la época consideraba más reprobables como el juego, o los destinados a alguna clase social como la de los caballeros, tan desprestigiada en tiempos de El Bosco, según lo constata el caballero atacado por monstruos a la derecha del hombre-árbol. También se critica al clero, como se puede verificar en el cerdo con toca de monja que abraza a un hombre desnudo en el extremo inferior derecho de la tabla.

Denominado, en ocasiones, Infierno Musical por el protagonismo que en él tienen los instrumentos musicales, antes incentivos de la lujuria y ahora convertidos en instrumentos de tortura para los pecadores.

El pesimismo es el signo principal de la obra. Después de presentar la creación de Dios, el artista presenta la caía del ser humano en el pecado carnal y desenfrenado, que sólo puede llevar a un final dramático en el infierno, sin esperanza.

 

(*) Silvia Maroto, Pilar (1999): Guía. Pintura flamenca de los siglos XV y XVI. Madrid: Museo del Prado, Madrid, p. 75.

(**) Yarza Luaces, Joaquín (2000): Reflexiones en torno al significado de “El jardín de las delicias” en El Bosco: copias, estudio técnico y restauración, Madrid: Museo Nacional del Prado, p. 60.

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Cristina Sanz Sánchez

Autor: Cristina Sanz Sánchez

Periodista de Crónica Negra y Judicial. Especialista en Comunicación Corporativa y Social Media, pasando por Radio Nacional de España.
“Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco”. Scaramouche, Rafael Sabatini.

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