Iter Criminis. Camino del Delito

Por Cristina Sanz Sánchez, periodista

Ted Bundy, el gran asesino bajo la psicología criminal (Parte II)

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Es en enero de 1974 cuando Ted Bundy comienza su carrera como asesino, pero su primer retrato robot no llega hasta varios meses después y a raíz de las desapariciones de varias jóvenes en el lago Sammamish. Se acercaba a las chicas con un brazo escayolado y pedía su ayuda para descargar su coche (el famoso Volkswagen escarabajo de color crema). En la zona recreativa del lago Sammamish primero logró apresar a una joven y poco después a otra, las trasladó a una cabaña escondida y allí obligó a una de ellas a mirar como pegaba, violaba y mataba a la otra. Pero mientras tanto, otra joven que no había caído en su trampa logró describir a la Policía a Bundy.
Se llegó a detener a 3.000 sospechosos; él pasó 16 ruedas de reconocimiento y siempre salió libre. Nadie decía su nombre, parecía buena persona y trabajaba en la campaña de Daniel J. Evans, como ya os adelanté en la primera parte de esta entrada.
El Volkswagen escarabajo de Ted Bundy.
Según se desarrollaba la investigación policial, sabiendo ya los agentes que se enfrentaban a un asesino en serie, Bundy comenzó a cambiar de lugares de actuación, lo que no encajaba con el perfil que manejaba la Policía: un psicópata que siempre se mueve en lugares que conoce. Aunque no iban desencaminados, Bundy cambiaba de estado pero siempre a uno que ya no conocía previamente. Fue el caso de Aspen, en Colorado, donde Ted encuentra el clima ideal para que los cuerpos de sus víctimas aguantasen en buen estado a la intemperie y satisfacer sus deseos necrófilos. Allí enterraba los cuerpos en la nieve y guardaba fetiches como la cabeza, los huesos, etcétera.
El FBI ya iba tras la pista de Bundy y éste, una vez más haciendo lo contrario de lo creen los investigadores, cruza Estados Unidos y se asienta en Tallahasee, Florida, cerca del campus universitario. Mientras tanto, el FBI no eleva la búsqueda a federal y en Florida ni siquiera saben quién es Bundy. Así que Ted aprovecha una noche cerca del campus para colarse en una hermandad femenina y allí comete una auténtica carnicería siendo el asesinato el acto sexual en sí. Mató a seis chicas en plena furia homicida y sólo huyó cuando escuchó que un coche paraba en la puerta de la hermandad.
Ted Bundy esposado en una de las vistas del caso.
Así, llegó un momento en que Ted dejó de seleccionar a sus víctimas y mató a una niña de 12 años que atrapó a la salida del instituto y precisamente este hecho fue el desencadenante de su detención definitiva. Los agentes consiguieron arrestarle cuando intentó hacer lo mismo con la hija de un sheriff. En el momento en que Bundy intentaba meter en su coche a la niña, el hermano de ésta lo impidió y apuntó la matrícula. Al principio el padre no dio importancia a este suceso hasta que conoce la desaparición de la primera niña. Sus hijos reconocieron a Bundy en una muestra fotográfica y los agentes le detuvieron.
Pese a todo y por lo incomprensible que es, durante su estancia en la cárcel Ted recibió más de 10.000 cartas de admiradoras que querían casarse con él; de hecho, se casó con una de ellas durante su juicio y llegó a tener una hija con ella. El número de exacto de mujeres que asesinó se lo llevó a la tumba, pero el arco está entre 28 y 100 víctimas. Llegó a chantajear a los familiares diciéndoles que si le imponían la pena capital nunca sabrían dónde estaban sus hijas.
El cuerpo de Bundy tras ser ejecutado en la silla eléctrica y antes de practicar su autopsia.
Durante su juicio, Bundy siempre alegó que era inocente hasta que decidió cambiar su discurso por enajenación mental. Sólo horas antes de su ejecución en la silla eléctrica reconoció sus asesinatos en entrevistas para televisión -qué podéis ver en la primera parte de esta entrada-, pero no todos. Rechazó su última comida y llamó a su madre. Ese fue el fin del gran asesino en serie americano.
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Cristina Sanz Sánchez

Autor: Cristina Sanz Sánchez

Periodista de Crónica Negra y Judicial. Especialista en Comunicación Corporativa y Social Media, pasando por Radio Nacional de España.
“Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco”. Scaramouche, Rafael Sabatini.

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